Amor, rabia y memoria: palabras para un compañero de banca.

Amor y Rabia, de David Olguín

Buenas noches a todas y todos.

Es una alegría y un enorme honor estar aquí esta noche.

Para mí, hablar de David Olguín no es solamente presentar a un autor admirable; es hablar de mi compañero de banca.

Hablar de este libro desde mi lugar es hablar también de un privilegio entrañable. A lo largo de los años, en El Milagro y en nuestros múltiples proyectos compartidos, he tenido la fortuna de conocer de cerca su proceso creativo y algunos de los textos que forman parte de esta antología, incluso antes de que fueran publicados; de recibirlos cuando todavía eran páginas frescas, palabras recién nacidas sobre el papel.

Debo confesar que, para mí, esos textos fueron una auténtica escuela.

Mi aprendizaje como diseñador de escenografía e iluminación está profundamente ligado a la dramaturgia de David. Diseñar para sus obras nunca ha sido un ejercicio decorativo. Sus textos exigen una precisión absoluta; te desafían a encontrar la metáfora espacial exacta y a entender cómo la luz debe respirar al ritmo del conflicto.

En sus páginas aprendí a leer el espacio antes de construirlo; a comprender que la escenografía y la iluminación también son pensamiento dramático.

Pero también debo decirles algo: no conozco la mayoría de los textos que componen esta antología.

Y estoy verdaderamente encantado con la posibilidad de seguir aprendiendo de mi compañero de banca a través de su lectura. Esta vez con una libertad nueva: disfrutando de la dramaturgia de un artista de su dimensión, descubriendo sus referencias, su universo y su historia —que es también una parte fundamental
e indispensable de un libro de teatro—, sin tener
que enfrentarme, esta vez, al desafío de diseñar la escenografía.

Porque he sido testigo presencial de que el amor y la rabia no son solamente el título de esta edición: son también dos de las grandes fuerzas que atraviesan su proceso creativo. He visto de cerca la rabia ética y apasionada con la que David enfrenta los desafíos de su tiempo y los propios, para convertirlos en dramaturgia. Y he visto también el amor obsesivo, riguroso y profundamente entregado con el que pule cada escena, cada diálogo, cada palabra y cada detalle durante los ensayos.

Vivir ese proceso de creación a su lado, desde las primeras lecturas hasta los estrenos, ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida profesional y personal.

El teatro tiene una naturaleza inevitablemente efímera: la función sucede, nos conmueve y desaparece cuando se apagan los reflectores. Por eso, un libro como este tiene una importancia enorme.

Publicar estas obras no solo permite que permanezcan; deja también el testimonio de una parte fundamental de la historia del teatro mexicano contemporáneo, vista desde la mirada de un artista imprescindible de nuestra escena. Pero hay algo más que para mí resulta especialmente valioso.

Este libro rescata también la memoria de un espacio teatral independiente, de El Milagro, y del empeño cotidiano de un grupo de creadoras y creadores que hemos compartido durante tantos años esa trinchera.

Estas páginas registran una manera de pensar, de sentir y de confrontar la vida a través del teatro. Y permiten que esas historias continúen vivas, multiplicándose en la imaginación de nuevos lectores, estudiantes, actores, directores, diseñadores y creadores.

Quiero detenerme también para reconocer y agradecer que, aun en épocas de pobreza presupuestal, la Universidad de Guanajuato lleve adelante proyectos de esta importancia para la memoria y la historia de nuestro teatro.

Gracias por hacer posible esta edición con su valioso respaldo, y gracias también a Ediciones La Rana por la hermosa labor editorial que ha realizado.

Creo sinceramente que estos dos volúmenes son una forma de preservar algo que el teatro, por su propia naturaleza, siempre está en riesgo de perder: su memoria. Y, en ese sentido, sí: estas páginas son una manera de darle una vida que trascienda al escenario a la obra de mi querido compañero.

Doctorcito: qué fortuna seguir siendo compañeros de ruta y de banca.

Y qué alegría comprobar que todo ese amor y toda esa rabia que alguna vez iluminamos juntos sobre el escenario hoy encuentran otra forma de permanecer y de llegar a nuevas generaciones a través de estas páginas. Quiero invitarlos a adentrarse en esta antología y a celebrar con nosotros la memoria viva de nuestro teatro.

El libro cuenta, además, con un espléndido prólogo de mi querido Juan Manuel García Belmonte, que conoce a David —como solemos decir— al derecho y al revés, y con una hermosa introducción del propio David Olguín.

Y hay un detalle editorial que me parece particularmente interesante: la publicación se presenta en un sentido inverso a su cronología. Es decir, comenzamos por el presente y vamos recorriendo hacia atrás la trayectoria dramatúrgica de David.

Una invitación, quizá, a mirar la obra no como una línea recta, sino como un territorio vivo en el que unas obras dialogan con otras, donde el pasado ilumina el presente y el presente vuelve a interrogar el pasado.

Muchas gracias.

Y muy buenas noches.

Gabriel Pascal.

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